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Lo que me hubiera gustado saber cuando empecé a meditar

Hace poco cumplí 60 días de meditación y escritura. Estoy muy contenta porque no pensé que serían dos prácticas que iba a sostener por tanto tiempo y que ahora quiero que se queden conmigo para siempre. Sin embargo, meditar y escribir no eran parte de mi rutina diaria e incluso me daba verguenza admitir que yo era una profesora de yoga que no meditaba.

Antes, mi práctica de yoga estaba muy enfocada en el aspecto físico, en hacer posturas (asanas). A principios de febrero del año pasado, recuerdo que durante una práctica de asanas me sentí muy ansiosa, con la mente y el cuerpo acelerados, desesperados por encontrar un poco de tranquilidad en cada postura. Ya al final de la clase, me rendí en Savasana y ahí me di cuenta que necesitaba habitar la quietud y el silencio para calmar mi tormenta mental y disminuir los efectos de la adrenalina y el cortisol crónicamente elevados en mi cuerpo. Me resulta paradójico y sorprendente que gracias a la práctica de asanas entendí que no necesitaba moverme (hacer) más.